Lunes por la mañana. Bueno, ya mediodía, que entramos a las 13:00h.

Llevábamos prácticamente sin poder hacer nada desde el jueves a última hora de la tarde: la combinación entre falta de planificación de la empresa con las exigencias de productividad habían conseguido que a falta de una semana de febrero nos hubiéramos quedado sin registros (esto es, sin el cupo de clientes a quienes debemos llamar en cada tanda para vender determinado seguro). Entraba alguna llamada con cuenta-gotas. Todavía a primera hora..., bueno, algo había. Pero ya a las dos..., nada de nada...

A las dos y media se va media plantilla a comer. En su rincón, escucho a las hienas cuchichear y reirse. Risita de hiena (tal que el perro de Los Autos Locos, para aclararnos). Una de las hienas se levanta y pasea. Cosa habitual: es complicado trabajar menos de lo que lo hacen estas dos... Complicado complicadísimo. Regresa. Continua el cuchicheo y las risitas...
-Pues entonces vamos al baño y ya no volvemos. Nos llevamos ya las parrillas, ¿no?

Las "parrillas" es el folio donde anotamos qué hemos vendido y a quién, cuantas horas hemos trabajado (por si algún día llegamos más tarde ó "recuperamos" horas...).
- Hemos entrado a la una... así que nos apuntamos... horas trabajadas....
- Tres. Porque total, entre que vamos y volvemos del servicio, son las tres...

Y yo, alucinando. Porque igual otro día podía tener dudas... pero ese lunes coincidimos abajo, esperando el ascensor, las hienas, una servidora y una de las arpías. Una de las hienas, por cierto, me respondió sin ganas al saludo. La otra ni me miró. A la arpía no le respondieron ninguna de las dos. Era la una del mediodía.

A la hora en que se fueron (tras avisar a la Jefa de que se iban porque, total, no teníamos trabajo... y que ya recuperarían otro día), aún no eran las tres de la tarde. Tres menos cuarto, más bien.
De una a tres, dos horas. De toda la vida de dios.
¿Horas trabajadas que se apuntaron? Tres. Digo que el cálculo fue: la una, las dos y las tres. Tres horas. Porque, encima, ni siquiera creo que lo hicieran intentando enredar (ó igual sí. Se me escapa la simpleza ó el retorcimiento de las hienas como especie carroñera, la verdad). Así que ya digo: entrando a la una y yéndose antes de las tres, tres horas trabajadas.

A eso le llamo yo aprovechamiento del tiempo. Y confirmación de lo relativo que éste puede ser... Eso sí, si se nos llega a ocurrir a otras hacer semejante cosa..., vamos que montan tal escándalo que quien hubiera osado termina en la calle...