Un día cualquiera, hace unas semanas, tras la comida:
- Os tengo que contar una cosa que me ha dicho Cindy en el comedor..., ya, ya vereis...
Esto lo dice Marina, susurrando a gritos (sí: es posible. Aquí, sí), mientras se ríe. Marina se ríe mucho. Es una de las criaturas más... luminosas, que he conocido. Marina es ecuatoriana, menudita, morena, guapa, mamá de dos preciosas criaturas y, ya digo: luminosa. Marina está contándoles a los clientes que el seguro es para caso de fallecimiento del titular... y se está riendo. Pero no risitas nerviosas ni tontas: imagino que con su acento de terciopelo da igual que les diga a los elitistas clientes que lo que les vende es por si se mueren, ellos quién sabe qué fantasías pueden estar desarrollando escuchando esa voz. Así que le dicen cosas, le preguntan de dónde es... y Marina se termina riendo. Sin duda, es la vendedora de seguros personales más peculiar del mundo...
Cuando Marina, tras volver del comedor, ó en cualquier otro momento en que sabe que el auditorio es de confianza (esto es: últimamente cuando no hay hienas a la vista), susurra a voces que 'tiene una cosa que contarnos, que se ha enterado de...' aguzamos el oído. Bueno, a poder ser, ponemos el aplicativo 'en espera' (para que no entren llamadas) y esperamos a que cuente. Y es que en un patio de colegio a lo bestia como es este sitio, el comedor es el sitio de 'intercambio de pareceres y cotilleos entre diferentes campañas'.

- ¿Sabeis qué me ha dicho Cindy? Que han cerrado la planta de arriba.
Perplejidad generalizada. ¿Y....??? ¿ésa es la noticia bomba???
-Pues sí. La han cerrado, porque por lo visto la gente se subía a follar.
¡¡¡¡¿¿¿¿.....???!!!!!

Lo mejor fue la absoluta naturalidad con que lo dijo. Marina, que no dice tacos (palabrotas, las definiría ella), que es tan moderada. Pues, hale: tal cual.
-¡¡¡¡Marina!!!! ¿Qué la gente se subía a qué...????
La pinchan, entre el estar escandalizadas de veras (no sé si por la idea en sí, por el verbo empleado... ó porque quieren que siga contando)  y estarse, un poco, burlando. A mí ya me ha dado la risa tonta...
- A follar. Que, por lo que me cuenta Cindy, mi compatriota, pues se subían arriba, y... Así que dice que ya no se puede. Que han cerrado la planta de arriba.

A esas alturas, servidora ya está llorando. No, no de la desazón que me provoca no poder subir a la planta de arriba... a lo que se tercie. Sino de lo absurdo de la situación. No pueden cerrar la planta de arriba, no. Y no porque la empresa sea como muy liberal ó muy partidaria de que sus empleados confraternicen, intercambien fluidos y, llegado el caso, lo hagan en un lugar tranquilo. No: es que no hay planta de arriba.

Vamos a ver: arriba, justo encima de nosotros, está la azotea. Cosa evidente aunque no se haya intentado subir nunca: es que se vé perfectamente desde la calle. Hay dos plantas. Altas, con altura de cuatro (por tanto, el edificio mide como si tuviese cinco y media), pero arriba lo que está es la azotea. Con el mecanismo del ascensor, los transformadores... y la antena. La mítica antena (que es lo que da título a este blog, por cierto. Ya hablaré de la antena otro día). Nada más.
Y, que se sepa, a la azotea no se ha podido subir nunca. Que, de haberse podido, ya habría intentado subir yo (no, no para ver a quién me encontraba y hacer un intercambio de conocimientos. Que lo mismo también, pero no por eso). Y es que a las cabras nos gustan las alturas... y estoy segura de que el edificio debe tener buenas vistas. No lo he comprobado porque las ventanas que tenemos son poquitas, altas y están sucias (en realidad, no lo he comprobado porque están altas).

- Marina... que no hay planta de arriba...
- Que sí, que dice Cindy que sí. Que la gente, en los descansos, se subían allí a estar juntos...
- Marina: que arriba está la azotea, al descubierto...

Por increible que pueda parecer, nadie se había cuestionado que no había más plantas. Que es evidente, insisto, si se vé el edificio desde la calle... Bueno, nadie, nadie, no: que el único chico del grupo (Bennn, que somos nueve Nexxx y un solo Bennn) lo tenía igual de claro que yo. Ó más, si nos ponemos... que él si había estado en la planta de arriba... Y no solo. Y hasta hay documentos audiovisuales del asunto...
Pero eso lo cuento en otro post.  El caso es que tuvimos cachondeito durante días con el asunto "planta de arriba". Que qué lástima, haberla cerrado antes de poder subir a comprobar qué había... y cómo iba el asunto este de subir a follar. Que, con lo organizado que es todo en esta empresa, no sé, igual se podían planificar turnos (como para salir a fumar ó a comer), ó simplemente era cosa de subir y a ver qué había y con quién, qué sé yo... que la empresa también presume de potenciar (no sé si es el término apropiado en este caso) la relación entre los empleados con actividades diversas...

En fin: que no va a ser posible hacer una crónica de las cosas que pasan en la planta de arriba porque la han cerrado. Lástima. Para mí que es porque como el edificio es, de por sí, tan absolutamente antilujuria... los responsables de La MAYESTATICA (sin tilde) han debido pensar: pues si les hemos puesto una planta arriba para que copulen y no va nadie... mejor la cerramos.
Así ahorran costes. Va a ser eso.